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In Waves podría ser la prueba más atrevida de animación adulta de Netflix

Cannes, Annecy y TIFF dan prestigio a In Waves, pero Netflix debe convertir ese impulso festivalero en una película que el público adulto busque activamente.

Publicado
21 de octubre de 2026
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¿Y si lo más importante de In Waves no fuera que es una película de animación, sino que Netflix consiga convencer al público de tratarla como un drama serio? Esa es la apuesta de esta historia de amor ambientada entre olas: sacar la animación del pasillo infantil, hacerla pasar por el circuito de festivales y llevarla a la conversación sobre los premios. El riesgo es que el prestigio se convierta en una forma muy elegante de invisibilidad cuando la película llega a un servicio de streaming.

Dirigida por Phuong Mai Nguyen, In Waves sigue a AJ, un reservado estudiante de instituto de Los Ángeles que dibuja y monta en monopatín, y a Kristen, una apasionada del surf. Su romance se ve transformado por la enfermedad de Kristen, mientras que el mundo emocional de la película gira en torno al amor, el duelo, la amistad, la familia y el océano. La historia adapta la novela gráfica autobiográfica de AJ Dungo, publicada en 2019, y está inspirada en la relación real de Dungo, según informa Deadline.

La película ya cuenta con el tipo de credenciales que hacen plausible que reciba atención en los premios. Inauguró la Semana de la Crítica de Cannes en mayo, fue seleccionada para Annecy y TIFF, y está previsto que inaugure el 30.º American French Film Festival de Los Ángeles el 3 de noviembre de 2026. En Francia llegó a los cines el 1 de julio, mientras que la información del festival estadounidense sitúa la ventana de estreno de Netflix en diciembre de 2026. Variety detalla la selección del festival de Los Ángeles. El recorrido de la película por festivales podría proporcionar a Netflix una plataforma para una campaña de cara a los Óscar, pero eso sigue siendo una posibilidad editorial, no una estrategia del estudio documentada.

In Waves defiende el potencial emocional de la animación sin pedir disculpas por ello

La premisa podría haber dado lugar fácilmente a una película de prestigio sentimental: amor joven, una enfermedad grave, la luz del sol californiana y olas combinadas para fabricar un drama lacrimógeno de manual. Lo que hace más interesante el proyecto es la decisión de utilizar la animación no como un envoltorio decorativo, sino como una forma de abordar indirectamente la enfermedad y el duelo. La historia de producción de la película describe una combinación de animación 2D y 3D, con un acabado 2D texturizado y un flujo de trabajo técnico desarrollado en Blender para crear las secuencias del océano y del surf.

Esa elección importa. El cine de acción real suele tratar la enfermedad como una exigencia de realismo; la animación puede convertir la memoria, el miedo y la desconexión emocional en un espacio visual. El océano puede ser inmenso sin limitarse a ser fotorrealista, y el duelo puede manifestarse como un cambio de color, ritmo o movimiento, en lugar de otro primer plano diseñado para forzar una reacción. Creemos que eso da a In Waves una verdadera razón artística para existir como película de animación.

Nguyen también parece resistirse a traducir literalmente el material de partida. La película utiliza colores más luminosos y saturados que la novela gráfica de Dungo, dominada por los tonos sepia y azul; amplía las relaciones familiares y reduce la extensa historia del surf del libro. Estos cambios apuntan a una película que busca su propio lenguaje emocional, en lugar de tratar la novela gráfica como un guion ilustrado. Ese es exactamente el tipo de autoría que puede hacer destacar a una película de festivales.

El prestigio festivalero solo sirve si Netflix lo convierte en un acontecimiento

Sobre el papel, el currículum festivalero impresiona: la Semana de la Crítica de Cannes, Annecy, TIFF y ahora el American French Film Festival. Pero la credibilidad en festivales no equivale a notoriedad pública. Una película puede ser recibida con entusiasmo por los programadores y admirada por la crítica, y aun así llegar a una plataforma sin más huella cultural que la de un pequeño círculo de apasionados de la animación.

Esa es la contradicción central de la posición de Netflix. El streaming proporciona a In Waves un hogar potencialmente enorme, pero el catálogo también aplana las diferencias. Una película que ha inaugurado Cannes puede quedar junto a cientos de recomendaciones más, esperando a que un algoritmo explique por qué merece atención. Si Netflix quiere que el público adulto la vea como un drama cinematográfico, tiene que promocionarla con la seriedad de uno: no como «una película de animación», sino como una historia de amor concreta, con una directora de personalidad propia, una identidad artística reconocible y un motivo para verla ahora.

El estreno del festival de Los Ángeles el 3 de noviembre ofrece un puente útil entre la cultura cinematográfica y el alcance del streaming. Sin embargo, la ventana de estreno estadounidense en diciembre deja una oportunidad muy limitada. La campaña debe conseguir que la película parezca relevante antes de la avalancha navideña y antes de que la conversación sobre los premios quede dominada por aspirantes más ruidosos y conocidos. En nuestra opinión, un estreno discreto infravaloraría precisamente el argumento que In Waves puede defender.

La prueba de la animación adulta es más grande que una campaña de premios

A la animación nunca le ha faltado amplitud emocional; lo que le ha faltado es una confianza industrial constante en el público adulto. A menudo se pide a proyectos como In Waves que demuestren, en un único estreno, que una película de animación no dirigida a los niños puede ser ambiciosa desde el punto de vista artístico, emocionalmente difícil y comprensible comercialmente. Es una carga injusta, pero Netflix está bien posicionada para asumirla porque su plataforma puede conectar una producción francobelga con espectadores que quizá nunca se toparían con ella mediante un estreno convencional en salas.

Aun así, alcance no equivale a descubrimiento. El público adulto necesita un motivo para elegir la película frente a los dramas de acción real, y los aficionados a la animación deben saber que no se trata simplemente de un título infantil con una premisa más triste. La campaña debería abrazar esa tensión: es un romance de iniciación, una historia sobre una enfermedad grave y una película cuyo diseño visual es inseparable de su tema. Ocultar la animación sería un error; utilizarla como gancho sin explicar el drama sería otro.

Lo que probablemente saldrá ganando aquí no será una campaña de premios por sí sola, sino la posibilidad de cambiar la forma en que la plataforma presenta el cine de animación. Si In Waves recibe un apoyo real, podría convertirse en un modelo para tratar la animación como un drama impulsado por su cineasta. Si se deposita discretamente en el catálogo, su recorrido por festivales parecerá menos una plataforma de lanzamiento que un prólogo que nadie lee.

El veredicto: merece la pena ver In Waves tanto por la ambición que hay detrás de su forma como por sus posibilidades en los premios. Netflix debería hacer campaña por ella con valentía, y el público adulto debería buscarla deliberadamente cuando llegue en diciembre de 2026. Este es exactamente el tipo de película que necesita encontrar a su público antes de que el algoritmo decida que ya lo tiene.

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