The Gilded Age no necesita a Matt Damon para merecer la pena
La cuarta temporada arranca con un cameo fugaz de Damon y Letterman, pero el verdadero gancho es la noche de Marian con Larry y el desastre de los Russell. Los guiños adornan, no alimentan.
Imagen generada con IA
¿Es un cameo que hay que rebobinar para encontrarlo un regalo para el público o un pequeño encogimiento de hombros del departamento de marketing? The Gilded Age ha estrenado su cuarta temporada, e internet anda ocupado pausando el episodio en un punto concreto en lugar de hablar del episodio en sí.
Spoilers del estreno de la temporada 4, "Ring the Bells".
Según Deadline, hacia el minuto 8:33 dos caballeros cruzan la calle juntos, interpretados por Matt Damon y David Letterman. Otros medios los describen con vestuario de época completo. Ese es todo el chiste: dos caras famosas paseando por el plano, con discreción, esperando que te des cuenta.
El cameo es inofensivo, y ese es el problema
Seamos justos. Un cameo así es un detalle simpático y nadie va a salir perjudicado. Nuestra queja tiene que ver con lo que revela sobre dónde acaba la conversación. A la mañana siguiente del estreno, varios sitios de entretenimiento ya habían publicado artículos dedicados a averiguar quiénes eran los dos hombres. Eso demuestra que el guiño viaja más rápido que la historia.
Nos parece una apuesta algo extraña para una serie que no la necesita. The Gilded Age se sostiene sobre el placer de ver chocar reglas rígidas, dinero a espuertas y orgullo herido. Un huevo de Pascua con famosos te saca de la Nueva York de la Edad Dorada y te planta un segundo en el presente. Para un drama de época, esa es justo la dirección equivocada.
El verdadero gancho fue una habitación de hotel en plena tormenta
Compáralo con lo que hizo el episodio con su material de verdad. Como cuenta Decider, Marian y Larry acaban acostándose después de una noche de salida, y ella se despierta presa del pánico. Louisa Jacobson explica que la idea era apoyarse en la «alegría» y la «pasión» para que resultara «más duro… cuando llega la vergüenza».
Es una escritura inteligente, en nuestra opinión. La escena funciona porque usa la época como una olla a presión y no como un disfraz. La propia Jacobson señaló que las normas victorianas de pureza resultan difíciles de entender para el público actual, y describió cómo Marian se da cuenta de que las consecuencias recaerían sobre su vida y no sobre la de él. Para sentir esa brecha el espectador no necesita una cara famosa. Solo tiene que creerse lo que está en juego.
El resto de la hora está igual de bien surtido. El peligroso parto de Gladys se intercala con la boda de Oscar bajo la lluvia y, como apunta Screen Rant, George Russell está en tensión: los Pinkerton que contrató han encontrado al hombre que le disparó. Es mucha trama, y es la clase de trama que por sí sola hace discutir en los grupos de chat. Nadie necesitaba un cameo para que la hora se sintiera completa.
Confía en los corsés y ahórrate el codazo
Para que quede claro, no le pedimos a HBO que prohíba los cameos. Un plano tranquilo de calle es una nota al pie divertida. Lo que nos preocupa es la tendencia: un drama de la era del streaming cuyas escenas más conocidas se recuerdan como momentos de «encuentra al famoso» está enseñando a su público a buscar el chiste en lugar de instalarse dentro de ese mundo.
Hay además un riesgo práctico. Los guiños envejecen rápido. Una escena como el pánico de Marian a la mañana siguiente probablemente se podrá revisar y comentar durante mucho tiempo, mientras que la aparición de un rostro famoso tiene pinta de ser una curiosidad de una semana.
Nuestro veredicto: disfruta del momento Damon y Letterman durante los pocos segundos que merece y sigue adelante. Si estás decidiendo si la temporada 4 merece tus domingos, el motivo no está escondido en el minuto 8:33. Está en el salón de baile, en el hotel y en el desmoronamiento en cámara lenta de la familia Russell. La serie rinde al máximo cuando se comporta como si lo supiera.
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