Taquilla
Redacción Moviesfera
Taquilla

«No tengo sensibilidad visual» de Sorkin, la frase más honesta de la taquilla del año

La franca admisión de Aaron Sorkin sobre su faceta de director tras el fracaso de The Social Reckoning es rara y admirable, y dice más de los hábitos de Hollywood que de él.

Publicado
29 de octubre de 2026
Lectura
4 min
Categorías
Taquilla

Foto: Eric Weiss / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

¿Cuándo fue la última vez que un cineasta miró a un fracaso y dijo en público: «El problema soy yo»? Lo habitual es que un batacazo reparta culpas entre el marketing, las fechas de estreno, el algoritmo o el público. Aaron Sorkin se ha saltado todo eso, y creemos que es lo más interesante que ha dejado todo el recorrido de The Social Reckoning.

Lo que dijo en realidad

En el Festival de Cine de Newport Beach, Sorkin contó al público que dirigir le ha resultado más difícil de lo que esperaba y que no siente que aprenda mucho con la experiencia, según la crónica de Breitbart. Su diagnóstico: hay partes del oficio de guionista que se pueden enseñar y otras que no, y ese segundo grupo es lo que solemos llamar talento. «Me preocupa mucho que las partes de la dirección que no se me dan bien sean las que no se pueden aprender», dijo. Y después, la frase más contundente: «No tengo sensibilidad visual, resulta».

El contexto importa. The Social Reckoning, que Sorkin escribió, coprodujo y dirigió, es la continuación de The Social Network y dramatiza la filtración de Facebook de Frances Haugen. Debutó con 5,5 millones de dólares en Norteamérica. Otros medios señalan que The Social Network debutó con unos 22 millones de dólares en 2010. (Una crónica sitúa el presupuesto en 42 millones de dólares y otra en 30 millones, así que no vamos a fingir que sabemos el agujero exacto.)

La sinceridad sale barata cuando no cuesta nada, y aquí sale cara

Seamos justos primero. La autocrítica de Sorkin pega más fuerte que la típica excusa posterior a un fracaso porque no es una defensa. No dice que el público estuviera harto de historias sobre Facebook. Dice que aquello en lo que un director debería ser bueno, ver la película, es justo lo que le falta. Es una admisión sorprendente de alguien cuyo nombre figura por encima del título.

Tampoco es una rendición. Se compara con un entrenador convencido de que tenía todas las piezas y aun así perdió, y pide una oportunidad más. Lo leemos como el gesto de un hombre honesto con su debilidad y terco con su ambición. Ambas cosas pueden convivir, y juntas resultan más atractivas que por separado.

La historia de fondo es cómo los guionistas llegan a la silla de director

Aquí es donde discrepamos del enfoque de «Sorkin es malo». Sus diálogos, como recuerda el propio resumen de su currículum de Breitbart, sostienen A Few Good Men, The American President, Charlie Wilson's War y The West Wing. Nadie discute la escritura. La pregunta es por qué a un guionista brillante se le entrega un trabajo de dirección y un presupuesto considerable sin demasiadas pruebas de que el segundo oficio le salga de forma natural.

Nuestra opinión, y es una opinión, no algo que demuestren las fuentes: Hollywood trata el prestigio como algo transferible. Se da por hecho que un nombre que vende guiones vende también una visión, y la secuela de una película celebrada hace que la apuesta parezca aún más segura. Pero escribir y dirigir son músculos distintos. Un guion vive en el ritmo y el argumento. Una película tiene que vivir además en el espacio, la luz y el movimiento, que es justo el terreno en el que Sorkin dice fallar.

Conviene no pasarse de frenada. Una sola película que no funciona no demuestra una pauta, y las fuentes no nos cuentan cómo les va a todos los guionistas que se pasan a la dirección. Lo que sí muestra el caso es que la industria rara vez se hace la pregunta incómoda antes de firmar los cheques. Hizo falta un fracaso y el escenario de un festival para que alguien la dijera en voz alta.

Qué debería pasar ahora

La conclusión fácil es que Sorkin debería quedarse en la sala de guionistas. Nosotros proponemos otra mejor. Un guionista que sabe que no tiene sensibilidad visual cuenta con una solución a mano: aliarse con un director, o con un director de fotografía, cuya mirada tape el hueco, y dejar que el diálogo haga lo que mejor sabe hacer. Hollywood lleva mucho tiempo apoyándose en ese tipo de alianzas, y conocerse bien a uno mismo es el primer requisito.

En cuanto al resto, le daríamos algo de crédito y un poco de paciencia. Un éxito halaga a todos los implicados. Un fracaso seguido de una admisión lúcida es más raro y, en un negocio que premia la fanfarronería, merece que nos fijemos en él. Que Sorkin consiga esa «oportunidad más» que pide depende de los estudios. Pero si la consigue, ojalá la dedique a la parte de la dirección que por fin se ha atrevido a nombrar.

Temas de debate

Aún no hay temas: abre el primero.

Más noticias